El arte duele porque es necesario
Cuando salgo a los escenarios, justo antes de empezar, suele venírseme a la cabeza aquello que decía Sartre de que el hombre no es la suma de lo que tiene, sino la totalidad de lo que todavía no tiene, o sea, de lo que podría tener. Y justo pensaba en eso mientras me cazaban en la foto que comparto junto con este texto. Porque, nenes, mi trabajo, y el de los artistas con los que suelo colaborar, es libre. No pedimos permiso por no hacer lo que se espera de nosotros, ni nos disculpamos por reflejar lo que vemos.
El viernes 3 de octubre de 2025, en el OUFF —el Ourense Film Festival—, dentro de la sección «Made in OU», no solo se proyecto cine, sino que la liamos para mostrar lo que hay. O al menos lo intentamos, sin andarnos con gilipolleces.
Empecé tocando «Hablando entre dichos», una canción que, junto a las de otros grupos como Ray Porto y las Cruces, La Sombra o La Dama de Gris, forman la banda sonora del cortometraje Paula con P de Reme. Tengo que reconocer que mi canción suena suave, muy melódica y casi íntima, alejada de la etiqueta de “rock and roll” que se me atribuye por antonomasia. La escribí durante una época de muchos cambios, y también decepciones, y la canción terminó siendo el monólogo interno de alguien que ha dejado de fingir que le importa este mundo y su nueva normalidad. Es el sonido del agotamiento que se siente cuando descubres que lo frágil no es el pasado, sino el presente que se va siempre tan rápido, y, aun así, sigue habiendo esa cabezonería absurda por no desaparecer y seguir creciendo. Es una canción para los que están perdidos y sobreviviendo siendo conscientes. Escribí esa canción con la intención de que pudiera consolar, o al menos acompañar a personas como yo, porque, a veces, es lo más parecido a un abrazo que vamos a conseguir en todo este desastre. Gracias a este corto, se convirtió en mi humilde aportación a la historia de una mujer a la que le borraron el nombre, pero no su capacidad de nombrarse.
Luego subió mi compañero de elenco, Luis Pequeño —nuestro «Nolo»— , con un monólogo brutal. Ya os digo que no buscaba aplausos, porque es el monólogo de un proxeneta que habla de personas como si fueran mercancía. Luis volvió a traer a la vida a Nolo sin piedad. Acto seguido, subieron Isabel Salgado —la directora, convertida en «Paula»— y Adriana Macías —la «Reme» niña—. Dos edades de la misma persona, la inocencia arrancada de cuajo y la adulta obligada a renombrarse para sobrevivir. De ahí el título de Paula con P de Reme (no cuento más, para no destripar nada a aquellos que aún no lo hayáis visto). Fue una performance que parecía una subasta de «mercancía humana». Allí, delante del público, sin adornitos ni gilipolleces, mostramos la realidad que viven muchas personas en todo el mundo.
«La canción terminó siendo el monólogo interno de alguien que ha dejado de fingir que le importa este mundo y su nueva normalidad»
Daniel Soldevilla
Después se proyectaron los cortos. Compartimos cartel, dentro de la sección «Made in OU», con «Udra», de Charles Alexander, con guion de Antea Rodríguez y Noemi Blanco, que además son actrices junto a Marcos Franz y Monti Castiñeiras. Un corto interesantísimo, con un gran trabajo técnico que recomiendo ver a todos.
Para terminar, hicimos un coloquio muy breve, en el que directores y elencos hablamos ya sin las máscaras y protocolos de por medio. Reconozco que mientras compartíamos opiniones con el público —el salón de actos estaba lleno, muchísimas gracias a todos por asistir—, la historia de Reme me recordó aquello de que «el que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo», que decía Viktor Frankl. ¿Cuántas miles de mujeres, de Paulas y Remes, cuyos nombres reales nunca conoceremos, están en esa situación? Por ellas, también, va esto… Puede que el arte no le dé sentido al sufrimiento, pero al menos lo hace visible. Y el arte, cuando es honesto, duele porque es necesario. Y si lo que hemos hecho duele y molesta, perfecto. Significa que alguien, al menos, ha escuchado.

