El sábado pasado, de vuelta del bolo en Pontevedra con los Iberican Roots, me encontré con la historia de una chavala ingresada en China que usó una app de reparto de comida, pero para pedir que alguien se acercara al hospital a visitarla. Es muy triste, pero ver lo que hicieron los repartidores es para quitarse el sombrero.
La verdad es que da para pensar, ¿eh? Vivimos en un mundo hiperconectado, pero parece que las personas están más solas que nunca, y da la sensación de que es más probable que te llegue un paquete a la puerta a que un amigo llame al timbre sin avisar.
En mi último artículo he escrito sobre esto, sobre Bauman, las relaciones líquidas, el arte que tienen algunos de buscarse la vida en las redes y cómo, de seguir así, la gente acabará convirtiéndose en una especie de náufragos virtuales lanzando mensajes desesperados en botellas, cruzando los dedos para ver si todavía queda alguien al otro lado dispuesto a responder.
PD: Mañana estaré por A Lonia con mis Iberican Roots tocando en una fiesta privada muy especial, pero el sabado 30 nos vemos un año más en la XIII edición del Tangaraño Cultural de Sobradelo (Xunqueira de Ambía).
¡Salud!